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de enero (Id=54)
En el principio y antes de los siglos, la Palabra era Dios,
y se ha dignado nacer como Salvador del mundo.
In princípio et
ante saécula Deus erat Verbum, et ipse
nasci dignátus est Salvátor mundi.
Oremos:
Señor, que has comenzado de modo admirable la obra de la redención de la
humanidad con el nacimiento de tu Hijo; concédenos, te rogamos, una fe tan
sólida que, guiados por el mismo Jesucristo podamos alcanzar los premios
eternos que nos has prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida,
porque amamos a nuestros hermanos.
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
3, 11-21
Hermanos: Este es el mensaje que ustedes han oído desde el
principio: que nos amemos los unos a los otros, no como Caín, que era del
demonio, y por eso mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus propias
obras eran malas, mientras que las de su hermana eran buenas.
No se sorprendan, hermanos, de que el mundo los odie. Nosotros estamos seguros
de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos. El
que no ama permanece en
conocemos lo que es el amor, en que Cristo dio a su vida por nosotros. Así
también debemos nosotros dar la vida por nuestros hermanos. Si algunos,
teniendo con qué vivir, ve a su hermano pasar necesidad, y sin embargo , no lo
ayuda, ¿cómo habitará el mundo de Dios en él?
Hijos míos, no amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras.
en esto conoceremos que somos la verdad, y delante de Dios tranquilizaremos
nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es
más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no
nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del salmo 99
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Iubiláte Dómino, omnis terra.
Alabemos a Dios, todos los hombres, sirvamos al Señor con
alegría y con júbilo entremos en su templo.
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Iubiláte Dómino, omnis terra.
Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo
y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Iubiláte Dómino, omnis terra.
Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus
atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo.
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Iubiláte Dómino, omnis terra.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su
misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Iubiláte Dómino, omnis terra.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Un día sagrado ha brillado para
nosotros, Vengan, naciones y adoren al Señor, porque hoy ha descendido una gran
luz sobre la tierra.
Dies sanctificátus illúxit
nobis: veníte, gentes, et adoráte Dóminum: quia hódie descéndit
lux magna super terram.
Aleluya.
Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel
Lectura del santo Evangelio según san Juan
1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús ir a Galilea, y
encontrándose a Felipe, le dijo:
"Sígueme".
Felipe era de Betsaida, la tierra de Andrés y de
Pedro.
Felipe se encontró con Natanael y le dijo:
"Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los
profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José".
Natanael replicó: "¿Acaso puede salir de Nazaret
algo bueno?" Felipe le contestó:
"Ven y lo verás".
Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, Dijo:
"Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez".
Natanael le preguntó :
"¿De dónde me conoces?".
Jesús le respondió:
"Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la
higuera".
Respondió Natanael :
"Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel".
Jesús le contestó:
"Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de
Después añadió:
"Yo les aseguro que verán el cielo abierto y de los ángeles de Dios subir
y bajar sobre el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
¡Oh
Dios, que por medio de tu Hijo has hecho clarear para todos los pueblos la
aurora de tu eternidad!, concede a tu pueblo reconocer la gloria de su Redentor
y llegar un día a la luz eterna.
Por Jesucristo, Señor nuestro.
Amén.
Cristo, luz del mundo
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria
brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que conociendo a Dios
visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para
que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Sic Deus diléxit
mundum, ut Fílium suum unigénitum
daret ut omnis qui credit in eum non péreat, sed hábeat
vitam aetérnam.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Por la eficacia de estos santos misterios, fortalece, Señor, cada vez nuestra
vida cristiana.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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